Trozos de cariño, algunos grandes y otros pequeños, el tamaño no importa tanto como la resonancia que hacen al chocarlos. Vibran muy tenue pero a veces suenan como solían hacerlo cuando eran una sola cosa. A veces me devuelven ecos de tu voz y me hacen viajar a aquel tiempo cuando este era nuestro refugio contra el mundo, cálido ante su indiferencia, fuerte ante sus envestidas y estático ante el paso del tiempo.
A veces el eco de estos escombros de felicidad regresa y me hace sentir tu silueta, tus brazos al rededor de mi cuellos, apretándome fuerte como si quisieran mantenerme preso, sin saber que me liberaban de la prisión que eran mis ideas.
En aquellos días mis demonios nos veían de lejos, con un miedo natural al cariño que los alejaban de mi, pero con cierta certeza de que la puerta no estaría cerrada mucho tiempo para ellos. Parecieran madurar diez o veinte veces mas rapido que yo y ver que el resultado sería tu partida y su eventual regreso.
Pareciera que la felicidad es posible solo hasta que ellos se hincan a rogarle a su eterno antagonista que te separe de mi. Aun que su tranquilidad y su paciencia parecen inquebrantables cada que me han visto feliz en cada paso de mi vida.
Ahora solo miran con la misma calma los restos de la felicidad regada por el piso , asomando sus cabezas por encima de mi hombro.
¿ les dará placer o nostalgia ver aquello que se quebró dentro y fuera de mi ?
Quizá nunca lo sepa, rara vez sus rostros me muestran sus emociones, pero lo que es seguro es que las ruinas y su presencia serán constantes en este viaje solitario con ciertos destellos de compañía en el camino.
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